Los libros salvadoreños de 2019 que leí en 2019

Ernesto Mejía/ @netomejia08

El barbero de la villa, Víctor Mata
Una novela contra la violencia machista

El barbero de la villa, de Víctor Mata, tiene el gran mérito de abordar temas tremendamente actuales: la misoginia, el incesto, la violencia machista en sus múltiples formas, las relaciones homosexuales, la hipocresía social.

Ambientada en un villorrio imaginario, que podría ser casi cualquier ciudad del occidente de El Salvador, la novela, ganadora del premio Hugo Lindo 2018, de la Universidad José Matías Delgado,  relata la historia de don Luis Josefo, un hombre viudo y acomodado, de avanzada edad, que carcomido por la soledad, busca una mujer con la cual casarse y pasar los últimos años de su vida.

Alentado por el barbero del pueblo, fija sus ojos en Lili, una joven en sus 20, hija única de un matrimonio acosado por una espantosa deuda que mantiene con don Torcuato, el acaudalado y corrupto empresario local que construye casas para venderlas a plazo.

Luego de hablar con sus padres y obtener permiso para cortejarla, don Luis Josefo y Lili arreglan un matrimonio de conveniencia que, de forma tácita, le permite al viejo sortear la soledad y a la joven obtener los recursos suficientes para salvar la complicada situación de sus progenitores.

Sin embargo, Lili, que solo ha aceptado aquel trato por las presiones de sus padres, esconde bajo su apariencia de esposa recta y piadosa joven de misa diaria, sus verdaderos sentimientos: su pasión amorosa por Rosa, la atormentada hija de don Torcuato con quien ha mantenido desde su adolescencia una relación lésbica.

A partir de ahí, Mata construye con una prosa ágil y simple una historia truculenta de maltratos, violaciones, chantajes, venganzas y asesinatos  que retrata la violencia diaria del país, y con especial énfasis aquella que suele ensañarse contra las mujeres.

El barbero de la villa es una novela  que asume el riesgo de medirse a temas complejos; algo que resuelve con bastante solvencia, salvo aquí y allá con ciertos diálogos, situaciones y personajes que resultan demasiado caricaturescos.

Con todo, la obra se alza como un interesante alegato contra la violencia machista.


Ansiedad, Julio Argüello
El rostro desesperado de la pobreza

Ansiedad es una novela corta que bien podría ser un cuento. Su autor, Julio Argüello, narra en sus páginas un drama de pobreza, delincuencia y violencia muy parecido al que viven en carne propia millones de centroamericanos, sobre todo aquellos que pueblan el Triángulo Norte del istmo.

Angustiado por las numerosas deudas y el costoso tratamiento médico de su hija de tres años, el cual consume buena parte de sus limitados ingresos, Walter, un empleado de un centro de llamadas, se ve orillado a aceptar un turbio negocio que le propone su vecino, Gerson.

Para Walter que, recién ha debido enfrentarse a un pandillero que trató de asaltarlo, el encargo, en principio, le parece fácil. Su único trabajo consistiría en manejar de noche hasta un determinado punto de una carretera, donde Gerson con otro hombre interceptarían un camión al que pretenden robar. Al regreso, si todo sale como planeado, recibiría su paga.

Las cosas obviamente no son tan sencillas y en el camino comienzan a torcerse. Si bien Walter logra milagrosamente -de forma inverosímil casi- salir bien librado de la situación, el peligro constante que acecha las calles de la ciudad y somete a sus habitantes saldrá también a su encuentro y no lo dejará indemne.

Una historia cruda, como cruda es la realidad de los países del área, que podría, incluso, haber revestido una mayor fuerza de no ser por ciertos puntos flacos: unos personajes no siempre bien dibujados, algunos giros que resultan difíciles de creer y el tono moralizador de sus últimas páginas.


Alejandro Ayalá, ¡Con las faldas bien puestas!
El retrato de una mujer valiente

Alejandro Ayalá, seudónimo de Douglas Alejandro Tobar, realiza en su primera novela ¡Con las faldas bien puestas! un loable ejercicio de rescate de la memoria histórica al tratar de acercar al gran público la figura de la mítica defensora de los derechos de las mujeres, Prudencia Ayala.

Narrada en primera persona, asumiendo la voz de Ayala, la obra guía al lector a través de la agitada vida de esa especie de primera activista feminista salvadoreña: desde su nacimiento, en Sonzacate, en 1885, y las apretadas condiciones económicas de su infancia, pasando por su mudanza a Santa Ana, su creciente fama de vidente y su acercamiento al esoterismo, lo que le granjeó el mote de la Sibila santaneca, hasta su trayectoria periodística, sus encarcelamientos y, desde luego, su postulación, en 1930, como candidata a la presidencia de la República, la primera mujer en hacerlo en Latinoamérica, en un tiempo en que las mujeres no tenían ni siquiera el derecho a voto.

Aunque en la recta final, desde el momento del rechazo oficial de la candidatura de Ayala hasta el año de su muerte, en 1936, la obra cae en un bache donde la figura del personaje principal llega incluso a difuminarse por completo en  detrimento de los sucesos del 32 y de una cansina sucesión de juicios de valor, en términos generales ¡Con las faldas bien puestas! aborda con el debido rigor histórico la trayectoria de una mujer valiente que desafió todos los convencionalismos de su época.

Es una lástima, sin embargo, que su edición esté tan poco cuidada y las páginas de la novela abunden en errores ortográficos, un mal uso de los signos de puntuación y un inadecuado empleo de los tiempos verbales, entre otras faltas, que hacen trabajosa por ratos su lectura.


De los problemas de enamorarse, Ana Escoto
Como el enamoramiento mismo

De la colección de 24 cuentos cortos que componen De los problemas de enamorarse, de Ana Escoto, acaso lo más destacado sea la voz de la narradora. Una voz saltarina; juguetona, a veces; melancólica, otras; jodiona también que evoluciona, se transforma y vibra en función de las situaciones que retrata y de las muy particulares relaciones de pareja que aparecen en cada una de sus historias.

Porque como si de un bestiario se tratara, por sus páginas desfilan toda suerte de especímenes masculinos: hombres con bonita letra, músicos con nombres rusos, daltónicos, que ríen, que tienen ojos grandes o la verga rara, que cantan mientras cocinan y con los cuales la narradora tiene encuentros y desencuentros, complicidades, embelesos, embrollos, despedidas y todas esas vueltas y vericuetos que suelen venir con el enamoramiento.

Pero a pesar del torbellino de emociones que muchos de ellos desatan en la narradora, que es también la protagonista, los hombres de esas páginas no dejan de dar la impresión de ser solo unos actores secundarios, parte del decorado de una sucesión de escenas donde lo verdaderamente importante es esa voz femenina que reivindica su sexualidad y su deseo, que se divierte incluso con las inseguridades de sus contrapartes masculinas y que, más allá de sus propios dolores o miedos, deja siempre patente su voluntad de irse o permanecer.

De los problemas de enamorarse se convierte así en una entretenida aproximación a esa usualmente efímera fase posterior al flechazo inicial, una aproximación hecha desde la sensible y a la vez punzante mirada de una narradora que conduce al lector por las subidas y bajadas de una especie de montaña rusa. Como el enamoramiento mismo.

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