La perturbadora obsesión de Lewis Carroll con las niñas

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Ernesto Mejía / @netomejia08

El nombre de Lewis Carroll, seudónimo de Charles Dodgson, está indeleblemente ligado, en el mundo de la literatura, a la delirante grandeza de “Alicia en el país de las maravillas” y a su continuación “Alicia a través del espejo”. Pero prácticamente desde su muerte (1898), el nombre del narrador británico ha estado también ligado a una pregunta polémica: ¿qué alcances tuvo su amor-obsesión por las niñas?

La pregunta no ha sido fácil de responder toda vez que sus familiares y herederos se dedicaron luego de su deceso a cercenar partes del diario personal que el escritor mantuvo celosamente durante más de cuatro décadas y a quemar, tachar o borrar documentos, entre los que se encontraban numerosos intercambios epistolares y buena parte de su archivo fotográfico.

Según sus biógrafos, el también diácono anglicano desplegó a partir de la segunda mitad  del siglo XIX, aparte de su oficio literario, una frenética actividad fotográfica que lo llevó a retratar a más de un centenar de niñas de entre 10 y 14 años, muchas de ellas desnudas o como él gustaba decir con sus “vestidos hechos de nada”.

A pesar de la voluntad de los familiares de Carroll de destruir buena parte de esos documentos, muchos de ellos lograron burlar la censura y el paso del tiempo y llegar hasta nuestros días.

En 2013, la editorial española La Felguera publicó bajo el título “El hombre que amaba a las niñas”, la mayor recopilación en español de sus correspondencias y retratos. La obra, que reúne unas 70 cartas y unas 80 fotografías, sitúa al lector frente a un personaje dual e incómodo.

Por un lado el escritor, que como el autor de Alicia, no deja lugar a dudas de su febril imaginación y se desborda en juegos de palabras, ilustraciones, acrósticos, cartas que deben leerse frente al espejo o especies de cuentos redactados en tonos francamente entrañables. Y, por el otro, un hombre en apariencia incapaz de conectar con mujeres de su edad, que escribe sin cesar a sus “amigas-niñas” para invitarlas a tomar el té o a dar un paseo, o a sus padres e institutrices a quienes solicita de diversas maneras la autorización para que estas posen sin ropa para él.

El resultado, más allá de que sus desnudos contengan algún grado de belleza artística y muchas de sus correspondencias reflejen igualmente calidad literaria, es un mosaico perturbador donde es difícil determinar si Carroll estuvo motivado por una genuina voluntad de acceder a la pureza infantil y fijarla en retratos que hoy nos miran desde un  tiempo perdido o si, por el contrario, sus acciones respondían a un impulso erótico que reprimía con costos.

La naturaleza de esos contrastes, frente a los cuales no queda más que la sospecha, se ve reflejada en estas dos cartas que reproduzco casi en su integralidad a continuación y que sintetizan en buena medida los tonos de la recopilación de La Felguera.

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Beatrice Hatch, retratada por Lewis Carroll y coloreada luego por Anne Lydia Bond

 

 

Para Georgina Watson

The Chestnuts, Guildford

Después del 5 de octubre de 1869

Mi querida Ina:

Aunque no hago regalos de cumpleaños, sí puedo escribir una carta de cumpleaños. Fui a tu casa para felicitarte pero el gato me encontró y me tomó por un ratón. Me persiguió por todas partes hasta que apenas pude tenerme en pie. Sin embargo, no sé cómo, logré entrar en la casa y allí un ratón me encontró, me tomó por un gato y me lanzó atizadores, loza y botellas. Por supuesto, volví a salir a la calle corriendo y me encontró un caballo que me tomó por un carro y me arrastró todo el camino hasta Guildhall, pero lo peor de todo fue cuando un carro me encontró y me tomó por un caballo. Me sujetó a él con un arnés y tuve que arrastrarlo kilómetros y kilómetros hasta Merrow. Así que, como puedes ver, no conseguí llegar a la habitación donde te encontrabas.

Sin embargo, me alegró saber que estabas trabajando duro para aprender las tablas de multiplicar a cambio de una sorpresa de cumpleaños.

Tuve tiempo para asomarme a la cocina y ver cómo preparaban tu fiesta, un bonito plato de mendrugos, huesos, píldoras, bobinas de algodón y ruibarbo y magnesia. “Bueno”, pensé. “¡Estará contenta!”, y con una sonrisa seguí mi camino.

 

Tu amigo que te quiere,

C.L. Dodgson

 

 

Para la señora J. Chataway

Christ Church, Oxford

28 de junio de 1876

Mi querida señora Chataway:

El martes me va bien. Será mejor que conduzca hasta “Tom Gate, Christ Church”. Para ahorrarse una posible extorsión, también debería mencionar que el precio legal por uno (o por dos) sería 1s. Con su grupo, 2s. sería una tarifa más que suficiente. Si hace un día realmente malo, no les esperaré.

(N.B.: No me refiero a “nublado”. Los días nublados son los mejores para la fotografía.

Atentamente,

C.L. Dodgson

 

P.D.: Si decidiera enviar a Gertrude y no venir usted, ¿le importaría informarme de cuál es la cantidad mínima de ropa con la que desea que la fotografíe? Si tengo esa información, me basaría en sus preferencias al respecto. Los niños son muy diferentes, a algunos que conozco (principalmente londinenses), no me atrevería ni siquiera a proponerles que se quitaran los zapatos, pero a una niña como Gertrude, tan ingenua como Eva en el jardín del Edén, no vería ninguna objeción (siempre que ella lo desee) en fotografiarla con el mismo atuendo con el que Eva se paseaba por aquel jardín. Y creo que si usted estuviera aquí y pudiera ver las fotografías que he hecho de niñas con tan primitivo atuendo, estaría de acuerdo en que es posible hacer una fotografía así que pueda enmarcar y colgar en su salita de estar (…)

 

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Alice Liddell, la niña musa que inspiró a Alicia en el país de las maravillas

 

 

***

En 2015, la BBC realizó un documental llamado “The secret world of Lewis Carroll”. Durante su grabación, la cadena pública británica aseguró haber encontrado en el Museo Cantini, de Marsella, Francia, una fotografía que supuestamente muestra a Lorina Liddell —la hermana mayor de Alice, la niña musa que inspiró a Alicia en el país de las maravillas — posando en un desnudo frontal completo. En el reverso de esta se puede leer su nombre acompañado de la firma “L. Carroll”.

Si bien Lorina y sus dos hermanas, siendo unas niñas, ya habían posado en numerosas ocasiones para el lente de Carroll, el documental alega que ese retrato era diferente a todos los documentos hasta entonces conocidos, puesto que en él aparecería la mayor de las Liddell siendo una adolescente y mostrándose en una pose que no habría sido nunca consentida por sus padres. Aunque los autores de la cinta no lograron determinar con total seguridad que el escritor haya sido el autor del retrato, ni que la modelo sea en efecto la referida joven, sí lograron establecer que el rostro de la retratada guarda similitudes con el de la mayor de las Liddell y que la fotografía fue tomada en la misma época en que el británico frecuentaba a las niñas y siguiendo el mismo proceso que él usaba en sus imágenes. Sin duda un elemento más que reaviva la polémica en la ya de por sí controversial vida privada del narrador británico.